Eje Z del visualizador del torno: Conseguido

Pues esto es lo que he perpetrado.

Eje Z funcional, aunque no definitivo.

Al mecanizar la segunda versión de la pieza de metacrilato que une el carro y el captador de la regla, me la he cargado. De momento, la he pegado usando como grapa la pieza que corté de la esquina inferior derecha para librar el motor. Pero ya he pensado hacer una nueva que, además, llegue hasta enrasar con la parte superior del carro para poder atornillarle otra a 90 grados que sirva para sujetar la regla del eje X.

De momento, funciona a las mil maravillas en todo el recorrido del carro.

Actualización (12/7/2020): Siguiendo los sabios consejos de uno que obviamente sabe más que yo, he cambiado el metacrilato por pletina de acero de 6 mm. A simple vista funciona igual de bien, pero por lo que cuenta, la durabilidad de la regla no va a tener nada que ver. Pues amén; un pequeño proyectito sacado adelante:

Fijación del cursor de la regla al carro con pletina de acero

¿Cuántas vueltas llevo? Un visualizador de posición para el torno

Supongo que todos los torneros aficionados, y quizá unos cuantos de los que pertenecen a la claramente superior categoría de los profesionales, hemos pasado en algún momento por el momento en que nuestra máquina nos ha resultado insuficiente, no por falta de técnica sino por alguna carencia de la máquina en sí.

Para mí, ese momento llegó cuando decidí hacer unas roscas M8 a torno. Mis primeras roscas a torno, que nacieron de la necesidad: Lo que intentaba roscar estaba tan duro y mis terrajas son tan cutres (30 pavos el juego, ¿qué vamos a pedir?) que no conseguía hacer la rosca. Primero me tuve que pelear con el pequeño detalle de que mi torno chino, en su «documentación», indica que eso se hace con los engranajes de 45 y 50 dientes; pero con el torno no venía ningún engranaje de 45 dientes. Así que aprendí de la existencia de un tipo de software: El calculador de cascadas de engranajes. Bueno.

Una vez metido en harina, e instruído gracias al gran foro Metal Afición y algunos vídeos de Tu Tubo, pasé media tarde deliciosa haciendo: Palante, ¡Alto!, retira herramienta, mete una décima aquí, mete un par de centésimas allá, repetir. Y repetir, cada vez recordando por dónde iba antes de retirar la herramienta. Qué coñazo. Qué paciencia han tenido todas esas generaciones de torneros de antes de inventarse los visualizadores de posición, también conocidos como «DRO»: Digital Read Out.

Un DRO es un instrumento cuya utilidad es tan sencilla como práctica: Nos dice por dónde anda la herramienta. Esto, que parece trivial a simple vista, deja de serlo en cuanto estamos haciendo algo que se sale de trivial en el torno. Una rosca, a pesar de ser un objeto cotidiano, ya empieza a no ser trivial.

Tras dar algunas vueltas, y nuevamente gracias al Foro, encontré en Aliexpress un vendedor de DROs y artículos relacionados llamado Shenzhen Fivetecnc que envía desde España. Pedido el día 12 por la tarde, entregado el día 15 por la mañana. Brutal.

En el momento de escribir esto, he fijado la regla que lee la posición del eje Z a la bancada del torno, y ando carburando cómo fijar el cursor al carro. Probablemente, lo haga con un cacho de metacrilato. Motivo: Es lo que tengo a mano.

Marcando el agujero del extremo del contrapunto

Al principio, me acongojaba un tanto ponerme a hacer agujeros en el bloque de fundición que es la bancada del torno. Pero en seguida me dí cuenta de que no es para tanto; especialmente, contando con unas brocas y unos machos decentes. En este caso, usé unas brocas Izar y unos machos de una caja de Chaves.

Para marcar los agujeros, primero sujeté la regla al carro con un sargento, separándola con ayuda de un ángulo de aluminio que viene incluído con la regla (y que en este torno no sirve para montar, al menos este eje). Puse unos papeles de enmascarar (de los que se usan para pintar paredes) pegados a la bancada para poder marcar los agujeros con un vulgar boli, marqué con la punta, taladré y rosqué.

Presentando la regla para marcar los agujeros

He verificado con el reloj comparador que la regla no varía más allá de una décima su distancia con el carro, lo cual está dentro de lo recomendado por los manuales de instalación que he leído.

Continuará.

Una puerta más eficiente para la Jolly Mec

Una de las cosas que me molestaba levemente de la caldera es que irradia bastante calor. Esto es estupendo si se pone delante un sillón orejero, o si la idea es que siempre haya gente en la habitación en que se instala. Pero durante toda la noche y gran parte del día, ese calor está calentando una estancia en la que no hay nadie. Un desperdicio.

La mayor parte de la irradiación atraviesa el cristal, como suele suceder siempre que hay irradiación y un cristal por en medio. Bloqueada la mayor parte de esa irradiación, bloqueada la mayor parte del problema. Otra parte irradia por la parte superior de la caldera, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Como el cristal permite que se vea el fuego y no quería renunciar a esta característica, la opción que queda es hacer que el cristal aisle mejor. O sea, sustituirlo por uno doble. Pero no encontré gran cosa en cuestión de cristales dobles para calderas; se conoce que no es buena idea tener un espacio hermético entre dos cristales sometido a las variaciones de temperatura que es de esperar.

Lo que sí encontré fueron bastantes proveedores que venden un vidrio llamado Neoceram. Este es un vidrio especial para calderas, que soporta una temperatura bastante bruta (hasta 750 grados, dicen) y no se rompe por las variaciones de temperatura. Genial.

Decidí comprar el vidrio que necesitaba a un distribuidor que lleva la misma marca, neoceram.es. Se trata de una empresa llamada Protection Glass Fire S.L., de Murcia. Ignoro quién es el dueño de la marca Neoceram, pero lo que me enviaron aparentemente cumple, y es de los pocos sitios en que ofrecen este vidrio en 5 mm de espesor. Para mi implementación en la puerta del hogar de la Jolly Mec Caldea hace falta un vidrio de 428×269 mm, y una cinta negra de apoyo de 3 mm de espesor. Las medidas admiten alguna flexibilidad.

La instalación fue más sencilla de lo que esperaba.

Primero retiré la cinta que sujeta el vidrio original, aprovechando la ocasión para adecentarla un poco. Esto deja el vidrio original sujeto solo por un lateral con un pegamento de lo más tenaz.

Luego, tras una ligera limpieza, puse la cinta superpuesta al marco existente, por el lado interior, y presenté el vidrio en su sitio midiendo cuidadosamente.

A continuación, efectué taladros de 2,5 mm en toda la periferia del vidrio a distancias regulares, y los rosqué a M3.

Por último, usé unos trocitos de perfil de aluminio en L que atravesé y fijé con tornillos M3 para fijar bien el vidrio en su sitio. Puse piezas de silicona entre vidrio y tornillos para evitar disgustos.

Perforando a 2,5 mm. Obsérvese la cinta de apoyo del nuevo vidrio, así como que se ha retirado la cinta de sujeción del existente.

El resultado fue el esperado. Se aprecia que la superficie del vidrio se calienta mucho menos, maravillas de la cámara de aire. Una cosa que me temía es que se depositaran impurezas entre los dos vidrios (vamos, que la cámara de aire se llenara de mierda). Esto no ha ocurrido, y siguiendo la misma limpieza habitual, visualmente no ha cambiado nada.

Una mañana (mal contada) de trabajo y 73,16 euros después, la caldera es un pelín más eficiente. Siguiente capítulo, aislar mejor la tapa superior.

Hablar con la Jolly-Mec

He diseñado una placa (y la he publicado en PCBWay para quien la quiera) para hablar con la Jolly-Mec. Mi caldera usa la electrónica Foghet 9P; la electrónica en cuestión incorpora el mismo chip de comunicaciones (un NXP TDA5051A) que la electrónica original.

La verdad es que la electrónica de Jolly Mec, al menos la Foghet 9P, no va a conseguir ningún galardón. El diseño es básico, aunque a esto cabe argumentar que, en realidad, no hace falta nada más sofisticado.

Pero vivimos en la era de la automatización en casa. Ahora me ha dado por investigarme Home Assistant (que, así en resumen, es pocholo, potente y complicado); y lo que más me dolía de todos mis cacharros caseros era no tener absolutamente ninguna manera de siquiera escuchar lo que la caldera tuviera que decir.

Así que me he liado la manta a la cabezota con el KiCAD y en unos ratos muertos, he sacado eso.

¿Funcionará, o será uno de esos proyectos que se quedan en lo que podría haber sido y no fue? No lo tengo todo claro. Para empezar, tengo que oír lo que va por el bus, que ya de entrada es un reto en sí mismo. Luego, lo tengo que entender. Al menos, lo básico: Ser capaz de escuchar cómo la caldera se enciende, se apaga, informa de temperaturas, presiones… Y no tengo ni idea de si el panel es más o menos autónomo y medio sabe lo que hace, o es un mero satélite de la electrónica principal que le dice hasta lo que tiene que sacar en la pantalla.

En fin. De momento, esperemos que venga la placa fabricada y luego ya veremos. Peor caso, algo aprenderé. Ya actualizaré el presente cuando eso suceda.

Actualización: He verificado que la Foghet 9P funciona como esclava del panel, por el expeditivo método de desconectar el panel con la caldera encendida. Lo que ocurre entonces es que el ventilador sigue funcionando, pero deja de alimentar combustible. Así que todo lo que hace la Foghet 9P es lo que le manda el panel. Esto, en realidad, son buenas noticias: Abre la puerta a sustituir completamente el panel, si no me complica la vida demasiado a efectos de certificación.

Tomas de corriente en escala «G»

Las marcas más populares de vía en escala G, probablemente, sean la mítica LGB, Piko y Bachmann. Las dos últimas utilizan una aleación de níquel para su vía, lo cual hace imposible hacer una soldadura ni medio limpia con estaño (con o sin plomo).

He tomado nota mental de probar con el soldador por puntos, pero mientras he encontrado un método (nada original; se lleva usando años) que me ha gustado bastante, y que paso a describir. Consiste en hacer y roscar un agujero M2, desde la base del carril.

De esta manera, consigo un contacto bien sólido, mantenible e incluso de intemperie, siempre y cuando utilice tornillos apropiados, de la misma aleación o de inox. Me quedaría por comprobar si aparece corrosión galvánica o no, pero dado que en realidad no saco los trenes a la intemperie, me parece que nunca lo sabré.

El Primer paso es perforar un agujero M1,6. Ha de tener unos 7 mm de profundidad; en total, el carril tiene unos 9 y no conviene tentar al diablo.

Luego se roscar a M2. Yo utilizo un macho Ruko de tres pasadas, y potingue de roscar y el portamachos lo encajo en el mandril justo después de hacer el agujero y sin mover la vía, para que vaya perfectamente alineado. Quizá estoy cogiéndolo todo con papel de fumar, pero no me apetece perder un macho tan delicado en una vía.

Por último, utilizo un conector Faston al que le hago un agujero de 2 mm. ¿Por qué esto y no una arandela de soldar, o de engastar? Porque es lo que tenía a mano. Si tuviera que comprar suministros, compraría arandelas de soldar y retractilaría para mayor protección.

Como los carriles de esta escala conducen como jefes de tren, no pongo tantas tomas como en H0 o (sobre todo) en N, así que con un par de ellas para las modestas necesidades del tren de las fiestas, me ha parecido suficiente.

Por cierto. En los desvíos de Piko es sumamente fácil añadir tomas de corriente, porque ya vienen con sus cablecitos y no hay sino que aflojar un tornillo y añadir un cable.

A vueltas con el coche eléctrico

En el momento de escribir estas letras, llevo gastados unos 50.000 kilómetros a lo largo de cuatro años y medio de coches eléctricos y acabo de estrenar una moto eléctrica. Durante este tiempo, he pasado de ser el bicho más raro de cualquier aparcamiento en el que paraba, hasta ver varios coches como el mío todos los días.

Sin embargo, para muchos sigue siendo una novedad. Y preocupantemente, para muchos que sobre ellos copian y pegan de las notas de prensa de las marcas cambiando, como mucho, una coma acá y allá. Sin entender mucho y, por tanto, informando poco.

Así que he pensado en ir de frente con algunas cosas que se escriben sobre coches eléctricos.

La autonomía

Es sin duda la cuestión más sobada y menos entendida.

La autonomía depende fuertemente de la velocidad y de, atención, la temperatura exterior. Un suave día de primavera de Gran Canaria en la ciudad, la autonomía es máxima. Un día de invierno cerrado por las autopistas de Guipúzcoa es mínima. Entre medias, todo el resto del abanico.

Pero es que además, la autonomía (incluso considerando el peor caso) es un máximo, un límite más teórico que práctico al que nunca hay que llegar. Para elegir un coche eléctrico, lo que hay que hacer primero es definir el caso de uso para el vehículo. Después ver si la autonomía encaja. Para casi cualquiera que use un coche para ir a trabajar y volver, sin cruzarse media provincia, el coche con menos autonomía del mercado es suficiente. En muchos casos que he conocido, la autonomía llega incluso para dos o tres días sin cargar y sin apurar las cosas. ¿Por qué tanto jaleo con la autonomía? Si el caso de uso anda cerca de la máxima, el coche no vale para ese uso; cosa de buscar otro, o un híbrido enchufable. Y aquí termina el papel de la autonomía en la elección de un coche eléctrico.

El tiempo de carga

Casi todos los coches eléctricos que hay en el mercado, son para ciudad. Si uno no es conductor profesional o se pasa el día entero yendo y viniendo, el tiempo de carga es totalmente irrelevante.

Para cualquier pepe que haga lo que hacemos la mayor parte de los pepes, o sea: Coger el coche por la mañana para ir a trabajar, tal vez llevando a los niños al cole, y volver por la tarde, tal vez pasando a comprar comida o ir a hacer alguna cosa durante el día, la carga va a ser nocturna. Y si el coche termina de cargar a las dos o a las cinco de la mañana, da exactamente lo mismo.

Pero es que, además, el tiempo de carga depende básicamente de dos parámetros: El flujo de carga (que se mide típicamente en kW), y la capacidad de la batería (que se suele medir en una unidad horrible llamada kWh).

En una casa, raramente nos vamos a poner a cargar a flujos de más de unos 3 kW, que es lo que da un enchufe doméstico bien plantado. Por tanto, en casa, el flujo (la velocidad), va a ser exactamente igual para todos los coches. Total: Cero información. Y, ¿qué nos dice comparar tiempos de carga en coches de capacidades de batería diferentes? Nos dice una única cosa: Que tienen capacidades de batería diferentes.

El tiempo de carga, sea hasta el 80% o sea hasta el 100%, o hasta donde sea, es totalmente irrelevante. Es mucho más interesante saber el flujo de carga máximo y la capacidad de batería, por separado.

Por cierto: A las baterías que se usan en coches eléctricos no les va demasiado bien cargarse demasiado deprisa. Los 3 kW de un enchufe eléctrico, hoy por hoy, son la velocidad máxima recomendable para un uso habitual. Personalmente, de hecho, ni siquiera cargo a esa velocidad: No me hace falta, y más despacio es mejor para las baterías.

La red de carga

Los coches eléctricos son el presente de la movilidad urbana, no tanto de la interurbana, siempre y cuando tengamos una «base» donde cargarlos todos o casi todos los días. No se puede contar con la infraestructura pública, básicamente por dos motivos:

  1. Es escasa. Y además, no podemos contar con ella como con las gasolineras. Si descansamos sobre la disponibilidad de la carga pública, nos irá mal.
  2. Es cara. Muy cara. Un coche eléctrico consume muy poquito si nos lo llevamos a euros a los 100 kilómetros: Por debajo de 2. Pero si cargamos en postes públicos, nos podemos encontrar yendo a 5 o más, o sea, precios de coche de hidrocarburos.

No hay paralelismo con los coches tradicionales. En el caso de los eléctricos, necesitamos nuestro propio (o ajeno, pero a nuestra disposición) punto de carga. Basta un buen enchufe, no vamos a cargar las baterías de la Estación Espacial Internacional. Un enchufe como para un horno, colgado de nuestro contador, preferiblemente instalado por alguien que sepa lo que está haciendo.

Los coches eléctricos son una maravilla de usar y mantener, porque su uso es muy agradable y su mantenimiento muy, muy barato. Pero, como con cualquier otra cosa, conviene entender bien lo que estamos considerando. Preferiblemente, de primera mano. Hay foros estupendos (por ejemplo, este) en los que muchos usuarios llevan años y kilómetros de experiencia. La mía, lo que dice es que no volveré a comprar un coche de hidrocarburos: Si necesito uno, lo alquilaré y listo.

Mi propio cacao con leche

Durante muchos años, fui consumidor diario de las marcas habituales de polvitos para la leche. Como muchos otros, encontraba que la principal ventaja del Nesquick frente al clásico Cola-Cao era su mejor solubilidad. Pero ora uno, ora el otro, los polvitos para la leche hicieron mi felicidad matinal (y a veces vespertina) durante años.

Sin embargo, nada es para siempre y dos cosas hicieron que decidiera separar mi camino de estos clásicos productos:

  • Cuando Javier Ferrero, a la sazón presidente de Nutrexpa, entonces propietaria de Cola-Cao, se personó en una manifestación indepe, le puse la X. Siempre he defendido que generalizar es peligroso, y que hay pocas cosas tan estúpidas como el boicot a los productos catalanes. Pero si el pato macho hace alarde de tamaña estulticia, poco queda por decir: Adéu, Cola-Cao. Por cierto, que hace pocos meses, Idilia Foods (actual propietaria de Cola-Cao, procedente de la escisión de Nutrexpa y precisamente la parte que se quedó la familia Ferrero) dijo que Adéu inestabilidad y se fue a Valencia. Coherencia ante todo, tú.
  • Más valiendo tarde que nunca, he observado que la composición de los polvitos de los amores de mi paladar incluye ingentes cantidades de azúcar refinado. No es que le esté haciendo la guerra al azúcar; simplemente, he ido adquiriendo conciencia de la cantidad exagerada y perjudicial de azúcar que se ha ido colando poco a poco en la dieta, y me he decidido a moderar su consumo.

Así que me he decidido a hacer mi propia receta de aditivos para la leche. Tengo que decir, ante todo, que ningún nutricionista la ha revisado y confirmado si efectivamente es mejor que los clásicos botes; o sea, que es perfectamente posible que sea peor. Pero lo que me importa es que la puedo variar según vaya recopilando datos en la nube de ruido que es la información generalista sobre nutrición (¿no lo es la información sobre cualquier cosa para alguien que no sea experto en ella?). Así que, confiado en que serán un pelo más sanos, si no ahora, andando el tiempo, esto es lo que hago ahora.

Uso como materia base caco en polvo desgrasado. Esto lo vende Valor en botes de cuarto o cuarto y mitad. Maravilloso: Solo cacao en polvo sin su grasa. Ni un solo aditivo.

Me preparo el bote de cacao. Tal como viene, solamente tengo que incorporarle vainilla. Para ello,extraigo la esencia de un par de vainas de vainilla, que venden en los supermercados. Con un cuchillo de cocina, se abren en canal y con la punta se rasca el interior. Esta esencia la echo directamente al bote de cacao, y luego lo agito un ratito. Recomiendo agitarlo con la tapa cerrada.

Cuando me voy a preparar una taza, solamente necesito el bote de polvitos, la miel y la leche.

La primera en la frente: Media cucharada de miel en la taza. Sí, tiene que ser algo dulce, la estevia que he probado hasta la fecha tiene un sabor poco agraciado, aborrezco el aspartamo, la sacarina no parece mucho mejor… Y al menos, con la miel puedo controlar la dosis.

Una cucharada del cacao en polvo desgrasado que hemos preparado previamente.

Agitar mientras se añade leche lentamente, y calentar en el microondas al gusto.

Un timbre de puerta por Telegram

En mi inagotable afán de hacer complicado lo fácil, e imposible lo complicado, se me ha ocurrido que será utilísimo tener un timbre de puerta que, además de hacer algún soniquete a lo tradicional, avise por Telegram.

Aunque unas primeras búsquedas por san Google parecen indicar que conectar con Telegram para largar un mensaje es algo complicado, nada más lejos de la realidad. De hecho, es la simplicidad misma, y basta un programita de cuatro líneas.

Lo primero que necesitamos es un bot. Esto se hace hablando con el BotFather. A cambio del comando /newbot y responder a dos sencillas preguntas, nos suministará un token para acceder a la API.

Por otra parte, el timbre tiene que ser reconocible como tal y, para ello, nada mejor que instalar un pulsador como los de toda la vida. Ninguna norma dice que un pulsador que se hizo para 230V no pueda funcionar a 3 y un poquito. He cableado este pulsador entre los pines GND y 18 del conector GPIO. ¿Y por qué el 18? Bueno, ¿y por qué no?. Está cerca de GND y así puedo usar una sola carcasa de conector para los dos.

Total, que solo falta un programita que vigile el pin 18 y, si cambia de estado, largue un Telegram.

Paradójicamente, de esto lo complicado es largar el Telegram, y solo por un motivo: Para hacerlo, hay que encontrar el identificador de nuestra cuenta, de nuestro grupo o de dondequiera que sea que queramos mandar las notificaciones. Esto, que parece una chorrada, resulta tan enrevesado de hacer con la propia API que existe un bot, llamado get id, cuyo propósito en la vida es solamente obtener estos identificadores.

Total, que ya lo tenemos todo. Y este es un programita, con datos evidentemente ficticios, que funciona sin más problema que poner los reales y tener instalado Python 3 y las librerías adecuadas:

#!/usr/bin/python3

# Datos averiguados gracias a get_id:
# Hello tumismo
# Your Chat ID = xyzt
# User Name = gniapas238

# Your group Chat ID : -abcde
# Title : Casa

import RPi.GPIO as GPIO
import time
import requests
import logging
import json

telegramToken='el token va aqui'
telegramAPI = "https://api.telegram.org/bot{}/".format(telegramToken)

def mensajear():
 url = telegramAPI + "sendMessage?text={}&chat_id={}".format('Llaman a la puerta', '-abcde')
 resultado=requests.post(url)
 return

GPIO.setmode(GPIO.BCM)
GPIO.setup(18, GPIO.IN, pull_up_down=GPIO.PUD_UP)

logging.basicConfig(filename='/var/log/puerta.log',format='%(asctime)s %(message)s',level=logging.DEBUG)

while True:
 input_state = GPIO.input(18)
 if input_state == False:
  logging.warning('Llamada al timbre')
  time.sleep(0.2)
  # Dar la lata por Telegram
  mensajear()
 time.sleep(0.1)

En el bucle he introducido unos retardos, uno para eliminar rebotes y el otro para dejar que la CPU de la incansable Raspberry Pi descanse. Para un procesador ni medio moderno, una décima de segundo son vacaciones.

La feria inversa

Exponer en una feria es, para cualquier empresa, un ejercicio estresante. Hace falta que vaya personal clave; no sirve de nada y puede ser contraproducente llenar un espacio de azafatos, salvo que la feria vaya justamente de eso.

Además, hay que montar el tinglado y desmontarlo con poco tiempo de margen, llevar lo que se quiere exponer más carteles, máquinas, o lo que se guste vender, coordinar a los que van a ir, previendo la ausencia de los que van de su trabajo habitual…

Para redondearlo, exponer en una feria de primera fila como la de Madrid o la de Barcelona, no es barato. Estamos hablando de que, todo hecho, la participación de una empresa con un espacio básico en una feria especializada de dos días sube a las cinco cifras con toda facilidad.

Por eso me molestan tanto los parásitos que hacen la feria inversa.

¿Qué es la feria inversa?. Digamos que uno está en su exposición, ocupándose de sus clientes (o potenciales), pensando en el trabajo pendiente que espera al volver a la oficina. Y se presenta una persona que se interesa por lo que hacemos. Lo normal, ¿no?. Tras dos frases de cortesía, la persona en cuestión empieza a explicar que tiene una solución para tal cosa, para reducir el coste de esto o lo otro, y bla bla bla…

Vamos, que el colega se va pasando por la exposición a vender, y no a comprar. Es decir, que está usando el esfuerzo de todos los presentes como un buitre para intentar colocar su producto. Porque, aunque su producto es invariablemente maravilloso, el tipo y/o su empresa son tan miserables que no se alquilan su stand como todo el mundo, sino que se aprovechan de todo el mundo sin poner nada.

Hoy nos han visitado un par de estos miserias. Y ya tengo más que afinado el discurso, ¡esto es la guerra!

  • Miserias: ¿Te interesaría reducir tus costes de transacción? Nosotros somos la plataforma de PayPal, y bla bla bla
  • Yo: (obviando que el miserias se pueda en un alarde metafórico-onírico definir como «la plataforma de PayPal»): Ah, guay, ¿en qué stand estáis, que me paso luego?
  • Miserias: Bueeeno, no tenemos stand, por eso venía y…
  • Yo: (silencio)
  • Miserias: Bueno, ¿no te interesa reducir tus costes de transacción?
  • Yo: (silencio)
  • Miserias: Bueno, ya veo que no te interesa reducir tus costes de transacción… Esteeeee… Buen día.

Una oportunidad excelente para apreciar la ironía de la vida, incomodando ligeramente a un miserable. Hay un equilibrio en el universo.

vBus a json

Hace años, cuando compré el controlador que regula mis placas solares de calentar agua (un invento totalmente recomendable, por cierto) solo miré una cosa: Que el controlador hablara algo inteligible. Vamos, que no fuera una pieza de electrónica aislada del mundo, sino que pudiera, más o menos, integrarlo con el resto de controles de la casa. Ví que ofrecía algo llamado «vBus» y también un puerto serie, así que pensé que ya haría algo en su día, si eso.

Víctima de mi procrastinación compulsiva, ese día llegó años después.

Resol, el fabricante del controlador en cuestión, ofrece una pasarela de vBus a Ethernet. También ofrece un servicio por Internet que permite ir almacenando los datos, consultarlos y descargarlos.

Decidí que no quería la pasarela porque piden por ella algo más de 200 euros, y me parece injustificable ese precio por ese cacharrillo; y decidí que no quería el servicio por Internet porque, en fin, son mis datos, y no me apetece que los manoseen terceros de los que no sé casi nada. Y cobrando por ello, además.

Así que me hice un circuito que convierte los niveles lógicos de vBus, que es una señal diferencial, a TTL; nivel TTL que se puede enchufar directamente a la entrada serie de un Arduino o cosa similar. Otros antes que yo hollaron esa senda, así que tuve la fortuna de contar con el producto de sus esfuerzos para allanar el camino.

Y como me costó un poco hacer que funcionara el invento, decidí compartirlo también.

Creo que por la integración del hardware, tampoco esta vez me van a dar ningún premio. Pero funciona, y la caja de poliestireno que utilicé es singularmente adecuada para el entorno en que está montado. Función sobre forma.