|
Odio las regletas con interruptor. Cuando se utilizan para alimentar un armario lleno de servidores, un mal gesto y el armario al suelo. Quizá menos grave, pero igualmente fastidioso, es cuando esto sucede con una regleta que un incauto usuario emplea para alimentar su ordenador, monitor, cargador de móvil, altavoces y todos esos pequeños gadgets sin los cuales la "sociedad de la información" no sería tal. Por cierto que también aborrezco el término "sociedad de la información", pero solamente puedo escribir un artículo explicando claramente por qué aborrezco algo a la vez. Para agravar el asunto, esos interruptores (que suelen llevar una atractiva e innecesaria lucecita roja) son más bien frecuentemente productos de la peor calidad, dejan escapar unos chispazos al deshacer el contacto de lo menos saludables para los equipos que tienen detrás y para sí mismos. Por ello, y para colmo, son el elemento que se suele romper en un equipo que es, por demás, de estado sólido y muy sólido. ¿Cuántas regletas habrán ido a la basura porque el interruptor ha sido lo primero en jubilarse sin previo aviso? Yo sé que he reparado alguna regleta con este problema, por el expeditivo y coherente método de puentear el maldito interruptor. Ocupan espacio, consumen corriente, atormentan a los equipos y causan accidentes. Como para todo, probablemente hay algún uso para estos engendros malditos; yo solamente puedo decir que nunca lo he encontrado.
|