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Por fin anda, y los que no solamente lo vemos como uno de nuestros medios de transporte favoritos y algo digno de dedicarle atención, sino que, más pragmáticamente, lo vemos como una solución adecuada a las necesidades de transporte de las zonas en que se ha implantado, asistimos con esperanza a su puesta de largo.
Esta puesta de largo no está libre, empero, de problemillas. Oigo por ahí que el más importante es que es lento (dicen que "ml" no significa "metro ligero" sino "metro lento"). Los más inquietos ya sabrán en el momento de escribir esto que está funcionando mucho más despacio que la velocidad para la que se ha diseñado. ¿La razón? Muchas, y probablemente deje varias importantes, pero por lo menos estas: Primero, acostumbrar a los conductores y peatones a la presencia de estos vehículos, con el fin de evitar accidentes. Segundo, completar la formación de los conductores, algunos de los cuales han tenido muy poco tiempo para adaptarse a los vehículos. En fin, parece que el tranvía ha vuelto para quedarse. Espero que así sea; se ha puesto mucha carne en el asador para ello. Y espero que se le vayan incorporando tecnologías que se están empezando a implantar por la vieja Europa alante. Mi favorita, un volante de inercia que guarda energía (cinética) para mover un generador y así hacer que el tren pueda recorrer una cierta distancia sin hilo de alimentación. Algo muy útil en cascos urbanos, para simplificar cruces, etc. Ah, y una cosa espero por encima de todas: Que el público sea justo con el medio, y le llame apropiadamente tranvía. Moderno, sin duda nada que ver con los de antaño, y demás; pero tranvía al fin y al cabo, y sin motivo para llamarse de otro modo.
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