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Es interesante el creciente éxito de los coches híbridos. Como de costumbre en el sector de la automoción, inventan poco; se limitan en esta ocasión, como siempre, a aplicar tecnologías ya existentes de una forma en que se mantiene el grueso de lo anterior y se añade una delgada pieza de lo nuevo. Con los híbridos, la pieza es delgada pero importante; una palanca. A lo largo de los años, se han ido intentando muchos experimentos con coches eléctricos. Todas las grandes marcas han sacado uno o varios. Los han comercializado de las maneras más variopintas: Tradicional, por acuerdo con instituciones (ayuntamientos, especialmente), rifándolos... Nunca han tenido éxito. Quizá por sus limitaciones comparados con modelos de combustión interna tradicionales, pero sin duda en parte por el exceso de novedad en un mercado marcadamente conservador. Y esto es la gran aportación, a mi parecer, de los híbridos. Introducen una tecnología importante, el motor eléctrico, sin sacrificar el grueso de lo anterior. Por tanto, el público los compra: Tienen mercado. ¿La importancia del motor eléctrico? No puede exagerarse: De todos los ensayos para la siguiente generación de coches, más de la mitad de los que se me ocurren ahora abandonan el motor térmico para la generación del movimiento del coche, y recurren en su lugar a un motor eléctrico alimentado de una u otra manera. Si los híbridos consiguen un lugar permanente en el mercado, como hicieron en su día los diesel, nada será tan natural cuando llegue el momento como ir reduciendo el motor térmico tradicional hasta llegar a su sustitución por otra cosa: Pilas de combustible, baterías de nuevo cuño de algún otro tipo, o simplemente un motor térmico avanzado. Como ejemplo de ésto último sirve una turbina: La razón más poderosa de que la turbina nunca haya sido útil en medios de transporte terrestres es sencillamente que su rendimiento óptimo se obtiene a una velocidad constante y elevada; no sirve, por tanto, para acoplarse mecánicamente a las ruedas. Por ahora, si estoy en lo cierto, la segunda y siguientes generaciones de híbridos vendrán con motores térmicos cada vez menos potentes pero más eficientes (de ciclo diesel, como ya nos anuncia algún fabricante) y eléctricos cada vez más, y cada vez con más baterías; y, de paso, nos libraremos de una vez por todas de ese invento trasnochado que es la caja de cambios manual.
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