A vueltas con el coche eléctrico

En el momento de escribir estas letras, llevo gastados unos 50.000 kilómetros a lo largo de cuatro años y medio de coches eléctricos y acabo de estrenar una moto eléctrica. Durante este tiempo, he pasado de ser el bicho más raro de cualquier aparcamiento en el que paraba, hasta ver varios coches como el mío todos los días.

Sin embargo, para muchos sigue siendo una novedad. Y preocupantemente, para muchos que sobre ellos copian y pegan de las notas de prensa de las marcas cambiando, como mucho, una coma acá y allá. Sin entender mucho y, por tanto, informando poco.

Así que he pensado en ir de frente con algunas cosas que se escriben sobre coches eléctricos.

La autonomía

Es sin duda la cuestión más sobada y menos entendida.

La autonomía depende fuertemente de la velocidad y de, atención, la temperatura exterior. Un suave día de primavera de Gran Canaria en la ciudad, la autonomía es máxima. Un día de invierno cerrado por las autopistas de Guipúzcoa es mínima. Entre medias, todo el resto del abanico.

Pero es que además, la autonomía (incluso considerando el peor caso) es un máximo, un límite más teórico que práctico al que nunca hay que llegar. Para elegir un coche eléctrico, lo que hay que hacer primero es definir el caso de uso para el vehículo. Después ver si la autonomía encaja. Para casi cualquiera que use un coche para ir a trabajar y volver, sin cruzarse media provincia, el coche con menos autonomía del mercado es suficiente. En muchos casos que he conocido, la autonomía llega incluso para dos o tres días sin cargar y sin apurar las cosas. ¿Por qué tanto jaleo con la autonomía? Si el caso de uso anda cerca de la máxima, el coche no vale para ese uso; cosa de buscar otro, o un híbrido enchufable. Y aquí termina el papel de la autonomía en la elección de un coche eléctrico.

El tiempo de carga

Casi todos los coches eléctricos que hay en el mercado, son para ciudad. Si uno no es conductor profesional o se pasa el día entero yendo y viniendo, el tiempo de carga es totalmente irrelevante.

Para cualquier pepe que haga lo que hacemos la mayor parte de los pepes, o sea: Coger el coche por la mañana para ir a trabajar, tal vez llevando a los niños al cole, y volver por la tarde, tal vez pasando a comprar comida o ir a hacer alguna cosa durante el día, la carga va a ser nocturna. Y si el coche termina de cargar a las dos o a las cinco de la mañana, da exactamente lo mismo.

Pero es que, además, el tiempo de carga depende básicamente de dos parámetros: El flujo de carga (que se mide típicamente en kW), y la capacidad de la batería (que se suele medir en una unidad horrible llamada kWh).

En una casa, raramente nos vamos a poner a cargar a flujos de más de unos 3 kW, que es lo que da un enchufe doméstico bien plantado. Por tanto, en casa, el flujo (la velocidad), va a ser exactamente igual para todos los coches. Total: Cero información. Y, ¿qué nos dice comparar tiempos de carga en coches de capacidades de batería diferentes? Nos dice una única cosa: Que tienen capacidades de batería diferentes.

El tiempo de carga, sea hasta el 80% o sea hasta el 100%, o hasta donde sea, es totalmente irrelevante. Es mucho más interesante saber el flujo de carga máximo y la capacidad de batería, por separado.

Por cierto: A las baterías que se usan en coches eléctricos no les va demasiado bien cargarse demasiado deprisa. Los 3 kW de un enchufe eléctrico, hoy por hoy, son la velocidad máxima recomendable para un uso habitual. Personalmente, de hecho, ni siquiera cargo a esa velocidad: No me hace falta, y más despacio es mejor para las baterías.

La red de carga

Los coches eléctricos son el presente de la movilidad urbana, no tanto de la interurbana, siempre y cuando tengamos una “base” donde cargarlos todos o casi todos los días. No se puede contar con la infraestructura pública, básicamente por dos motivos:

  1. Es escasa. Y además, no podemos contar con ella como con las gasolineras. Si descansamos sobre la disponibilidad de la carga pública, nos irá mal.
  2. Es cara. Muy cara. Un coche eléctrico consume muy poquito si nos lo llevamos a euros a los 100 kilómetros: Por debajo de 2. Pero si cargamos en postes públicos, nos podemos encontrar yendo a 5 o más, o sea, precios de coche de hidrocarburos.

No hay paralelismo con los coches tradicionales. En el caso de los eléctricos, necesitamos nuestro propio (o ajeno, pero a nuestra disposición) punto de carga. Basta un buen enchufe, no vamos a cargar las baterías de la Estación Espacial Internacional. Un enchufe como para un horno, colgado de nuestro contador, preferiblemente instalado por alguien que sepa lo que está haciendo.

Los coches eléctricos son una maravilla de usar y mantener, porque su uso es muy agradable y su mantenimiento muy, muy barato. Pero, como con cualquier otra cosa, conviene entender bien lo que estamos considerando. Preferiblemente, de primera mano. Hay foros estupendos (por ejemplo, este) en los que muchos usuarios llevan años y kilómetros de experiencia. La mía, lo que dice es que no volveré a comprar un coche de hidrocarburos: Si necesito uno, lo alquilaré y listo.

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