Dexterity en el Altxerri

 

Cuando ya creía que había comprado mi último CD, obnubilado por las maravillas del iTunes Store, en el que se pueden comprar a golpe de ratón y por un precio irrisorio las canciones que a uno le da la real gana sin cargar con todo un álbum que puede quererse o no, me encuentro con esta pequeña joya que vende la empresa ilerdense Satchmo y que ha «masterizado» (ya me disculparán, señores de la Academia e hispanoablantes en general) el colega Borja allá en su estudio de Bilbao. Para quien guste del jazz, y en especial de ese sonido tan irrepetible que tienen las sesiones de jazz en un local, de noche y con buenos músicos, esto es de lo más parecido a ello que se puede llevar en el coche.

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Realmente, al escuchar pequeñas joyas como ésta (grabada y masterizada en España, curiosamente, y muy bien hechas ambas cosas), uno se pregunta cómo puede estar en crisis la industria discográfica… Y se responde a sí mismo seguidamente, claro. ¿Cuántos discos no ya buenos, como éste, sino meramente presentables, pueden adquirirse por 9 euros?.

Estos tipos no van a La Moncloa en un autobús a hacer una pantomima absurda, y si no fuera obligatorio (ahí es nada: Una entidad privada recaudando impuestos), tampoco pagarían a la SGAE, que Dios confunda. Se lo pasan bien tocando y sacando su disco, se ganan la vida con ello y los que les escuchamos compartimos brevemente esa sensación de placidez mental, ese mecerse con las olas, o como quiera cada uno describir la indescriptible sensación de escuchar buena música. Dicen los abogados que toda compra es un contrato; yo considero su parte cumplida a entera satisfacción.

 

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